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La subida del IVA

Explicando y opinando sobre la subida del IVA

23 - Junio - 2010

Subidas del IVA – Reino Unido y España

Hoy es un día importante en el Reino Unido: el gobierno de coalición presenta a mediodía sus primeros presupuestos. Entre otras medidas se espera una subida del IVA. Como Random Spaniard no es más que un economistilla trabajando en política energética no sabe si esto será cierto o no, y a lo único que puedo comprometerme es a actualizar esta anotación con la información tan pronto como se produzca.[Actualización: subida al 20% confirmada]

Como mencionaba Kiko Llaneras en su anotación, los datos de la OCDE de 2009 muestran que el IVA en el Reino Unido era de un 15%. Le hacía la matización de que ese 15% era solo una medida temporal que entro en efecto el 1 de enero de 2009. El 1 de enero de este año volvimos al 17,5% anterior. Así que parece que los nuevos presupuestos podrían ponernos en el 20%.

Para mi contribución a esta página estaba esperando mostrar los datos de lo que puede esperar recaudar el ejecutivo con nuestra subida del IVA. Y a la vez quería compararlo con la experiencia del cambio del 15% al 17,5% aquí. El caso es que he producido este gráfico y me ha sorprendido lo brutal que ha sido la caída de la recaudación del IVA en España – mucho mayor en términos relativos que la del Reino Unido a pesar de la reducción temporal aquí. Vamos, que por el gráfico cualquiera diría que la medida temporal (entre las dos barras verticales rojas) se había aplicado en España y no en el Reino Unido.

Y esto me recuerda este gráfico del último Economic Outlook de la OCDE, publicado el mes pasado. Y es que como Estados Unidos y el Reino Unido también tienen déficits presupuestarios de alrededor de un 10-11% del PIB pensamos que no estamos solos. Pero el deterioro en las cuentas públicas en España en realidad solo se puede comparar al de dos economías pequeñas como Irlanda e Islandia. Estados Unidos y el Reino Unido solo están en la situación en la que están por la política fiscal excesivamente laxa de Gordon Brown y de George W. Bush.

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21 - Junio - 2010

A propósito de la subida del IVA

De Asensi Descals, Profesor del Departamento de Economía Aplicada de la Universitat de València.

El análisis sobre una cuestión como ésta puede hacerse, como en otros casos, desde muy diversas disciplinas. La que aquí vamos a adoptar es la de la Hacienda Pública, como rama del tronco general de la Economía. Y más en concreto, veremos qué puede decirnos el análisis teórico del diseño impositivo sobre la “bondad” de esta medida.

Quizá deberíamos empezar por aclarar a qué nos referimos con “bondad” a la hora de calificar una medida como la subida de un impuesto en particular. La discusión sobre la cuestión puede ser un auténtico diálogo de besugos donde cada uno expresa una parte de la verdad, la que a le interesa o le convence según sus juicios de valor. Una tratamiento más ordenado de la cuestión nos lleva a hablar de los principios impositivos de un sistema fiscal y sin ánimo de ser exhaustivo y aburrir al lector, sí debemos recordar que los objetivos que ser pretenden con un sistema fiscal son variados y no siempre enteramente compatibles. Por una parte se le pide que busque la eficiencia del sistema económico. Por otra se le pide que busque la justicia -equidad- en el reparto de la carga fiscal. Se espera, además, que ayude a lograr la estabilidad del sistema económico, esto es, a reducir la duración y la magnitud de los ciclos económicos. Tradicionalmente se utiliza también en la política de crecimiento económico y, por si fuera poco, se le pide que haga todo eso sin olvidar objetivos aparentemente menores como la comodidad para el contribuyente, la sencillez y, en definitiva, que cree pocas cargas indirectas en el cumplimiento fiscal, que van desde las monetarias –asesores fiscales- a otras como el coste del tiempo en gestiones o la carga psicológica del cumplimiento de las obligaciones tributarias.

El IVA no persigue la Justicia en el reparto de la carga

Aunque el sistema fiscal persiga todos estos objetivos en su conjunto, no debemos olvidar que las distintas piezas que lo componen, esto es, los impuestos, no tienen por qué alcanzarlos todos por separado.

El IVA no es un impuesto personal, no fue diseñado para serlo y, por lo tanto, no puede alcanzar ni la equidad en su sentido horizontal –trato igual a los iguales- ni en su sentido vertical –trato apropiadamente desigual o los sujetos que tienen diferente capacidad contributiva-.

La mera aplicación de tipos de gravamen distintos en función de la mayor o menor importancia de determinados bienes en los presupuesto familiares de las familias pobres, ciertamente puede añadir alguna dosis de equidad vertical, pero es un instrumento poco eficaz para este fin. Por el contrario, puede afectar a otros objetivos para los que sí está diseñado este impuesto como la neutralidad impositiva.

El IVA como impuesto para la eficiencia impositiva.

Los impuestos que logran o persiguen la eficiencia impositiva son, ante todo, neutrales en las decisiones económicas. Puesto que estamos ante un impuesto que pretende gravar el consumo, se le puede pedir que sea neutral entre los distintos productos o servicios. ¿Cómo logra esto el IVA?

Es neutral por ser un impuesto general que grava todo tipo de consumo de bienes o servicios. Existen otros impuestos que gravan el consumo que por su diseño encuentran más dificultades para lograr esta generalidad, especialmente en el gravamen de las prestaciones de servicios.

Es neutral porque su mecanismo de compensación en cada fase de la cadena producción-consumo, evita que la recaudación impositiva y, por tanto, el porcentaje del impuesto en el precio final que paga el consumidor, dependa del número de fases por las que pasa el producto.

Es neutral también en las relaciones internacionales lo que, en el caso de la Unión Europea, es una condición sine–quanon para la creación del mercado común europeo. En efecto, el mecanismo del IVA permite que los productos puedan ser gravados en destino al mismo tipo de gravamen que los que soportan el resto de productos de un país, sin que se vean perjudicados lo que vienen de otro país. Esto se consigue exonerando de gravamen la fase exportadora, con devolución de las cuotas de IVA soportado por estos empresarios por parte de la Hacienda del país exportador, y gravando la importación o adquisición intracomunitaria por parte de la Hacienda del país importador o adquirente intracomunitario, respectivamente.

Qué supone una subida del porcentaje del IVA…en la recaudación…

¿Qué cabe esperar de la recaudación de impuestos ante una subida del IVA en un contexto como el actual? ¿Qué podemos decir de esa medida en función de los distintos objetivos del sistema tributario que hemos mencionado anteriormente?

A pesar de lo que pueda llevar a pensar su nombre, el IVA no grava todo el valor añadido generado por las empresas, puesto que ello equivaldría a nivel agregado a gravar la renta nacional, y para esto ya están los impuestos

sobre la renta que cumplen esta función aunque con otra técnica tributaria: la aplicación de impuestos personales sobre los perceptores de renta es decir, los propietarios de los factores productivos que generan el valor añadido.

Como sabemos, el IVA grava sólo una parte del valor añadido generado por las empresas –el valor añadido tipo consumo– al permitir deducir todas las cuotas soportadas en un periodo impositivo, con independencia de que sean bienes consumidos totalmente en el proceso productivo del período o que lo sean sólo parcialmente –bienes de inversión. Esto, a nivel agregado, equivale a gravar sólo la parte de la renta que se consume y no la que se ahorra.

En un contexto como el actual, la recaudación de IVA puede, pues, mantenerse, a pesar de que la renta nacional decaiga, siempre que el consumo se mantenga a costa del ahorro y la inversión. A la inversa, la recaudación de IVA puede no aumentar al ritmo del PIB si el crecimiento de éste se debe a la demanda exterior o el consumo se estanca en beneficio del ahorro por muy variadas razones como la desconfianza de los consumidores en el futuro. Por lo tanto, en un contexto como el actual el gobierno puede preferir aumentar el IVA a los impuestos sobre la renta de personas físicas o jurídicas.

Naturalmente, todo impuesto general sobre el consumo, distorsiona la elección entre consumo presente y futuro –o sea, ahorro actual– al alterar los precios relativos de ambos. Se puede esperar una retracción del consumo pero el efecto global en la recaudación no es en absoluto evidente puesto que también incide en el consumo la retribución del ahorro. No sólo tenemos que mirar las consecuencias de un encarecimiento del consumo, sino el efecto que tiene una bajada sostenida de los tipos de interés sobre la tasa de ahorro y, por tanto, en el nivel de consumo. Añádase a la bajada de tipos de interés la enorme volatilidad de las cotizaciones bursátiles con el desincentivo que suponen para invertir en renta variable y tendremos otro factor que bien puede compensar el relativo encarecimiento del consumo presente frente al futuro que supone la subida del IVA.

En el caso de que sí hubiera una retracción en el consumo, sí es cierto que puede acabar afectando a medio plazo en la recaudación de otros impuestos tanto indirectos –impuestos sobre consumos especiales– como directos, vía reducción en los beneficios de las empresas y otras rentas sujetas a los impuestos sobre la renta de personas físicas o sociedades.

Pasemos a los hechos. Los datos de la agencia tributaria hablan de una caída muy fuerte en la recaudación de IVA desde el principio de la crisis (ya en 2008). Sin embargo esta caída puede ser debida, no sólo a la reducción en el consumo, sino a un aumento del fraude fiscal, tanto por aumento de la economía sumergida como por el incremento en las infracciones tributarias en la economía declarada. En 2009, un informe del sindicato de técnicos del ministerio de Hacienda, destacaba los crecimientos sostenidos de las cuotas medias a deducir por sujeto pasivo de IVA, que eran tasas muy superiores a las de crecimiento de las cuotas devengadas. Ello era debido a infracciones muy variadas como las deducciones de cuotas legalmente no deducibles.

Esto último nos lleva a la eterna cuestión no resuelta en el sistema fiscal español. Quizá no hubiera sido necesario subir los tipos de gravamen en el IVA, sino dotarse de los mecanismos necesarios para controlar los abusos en las declaraciones de IVA por parte de los sujetos pasivos del impuesto, y por sacar a la luz una importante parte de la actividad económica que permanece oculta. Ello hubiera ayudado a mejorar la eficacia recaudadora del impuesto, pero sobre todo, la justicia del sistema.

y en la distribución de la carga fiscal.

Hay, sin embargo, una última consideración que hacer respecto a la elusión y el fraude fiscal en este impuesto, en comparación con los impuestos sobre la renta de las personas físicas, que es la alternativa cuando se plantea seriamente aumentar la recaudación: la distribución de la elusión fiscal en el IVA no sigue un patrón definido en función de los niveles de renta. Tiene que ver, más bien, con las diferentes posibilidades de ocultación de operaciones que varían por tipos de sectores económicos: No es lo mismo ocultar una operación de venta en un centro comercial que el servicio prestado a un particular por un fontanero. En definitiva, no hay un patrón de distribución de la elusión o el fraude fiscal en el IVA por tipos de productos que guarden una relación con el nivel de renta medio de sus adquirentes.

La distribución del nivel de elusión fiscal en el IRPF, en cambio, sí puede estar relacionada con el nivel de renta. Es en el control de rentas no sujetas a retención en origen donde la elusión fiscal se concentra –rentas de actividades empresariales y profesionales que prestan servicios a clientes no empresarios o profesionales. Si, además, tenemos en cuenta que incluso con instrumentos perfectamente legales, la tributación sobre la renta es muy reducida en las rentas del capital –no es el lugar de extendernos a este respecto, pero piénsese en la sociedades de inversión, supuestamentecolectiva, de capital variable, más conocidas como SICAV–, no es en modo alguno evidente, más allá de los tópicos, que el aumento en el tipo de gravamen del IVA vaya a tener un mayor efecto regresivo sobre la distribución de la renta que un aumento en el IRPF, por ejemplo.

Así pues, más que hacer afirmaciones tajantes, hemos pretendido poner en duda algunos principios que se dan por supuesto, como la regresividad del IVA frente al IRPF, o el desincentivo económico neto que supone el aumento en su tipo de gravamen.

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11 - Junio - 2010

¿Qué son los efectos no keynesianos de la politica fiscal?

De Citoyen, autor del blog La Ley de la Gravedad

Desde tiempos de Keynes, en economia sabemos que la politica fiscal es una buena forma de estimular la demanda agregada. La idea es que cuando la gente deja de gastar dinero, el sector publico puede sustituir, al menos parcialmente, ese gasto privado, reactivando la actividad economica. En este sentido, una politica fiscal expansiva es aquella donde se reducen los impuestos para que la gente tenga mas dinero y se aumenta el gasto publico, con el consiguiente deficit. El deficit publico tiene, por tanto, efectos expansivos.

A este esquema bastante simple se le han hecho unas cuantes criticas, de forma que la version que tenemos hoy es bastante mas sofisticada. En particular, se ha sugirido que el deficit podria hacer subir los tipos de interes expulsando inversion privada, que podria funcionar con retardos con el riesgo de que una vez haya sido puesta en marcha lo peor ya haya pasado y tenga un efecto prociclico, o, como llego a sugerir Barro, que los agentes privados anticiparian los impuestos futuros aumentando su ahorro y reduciendo su consumo, de forma que no tendria ningun exito estimulando la demanda.

Lo que casi nadie llego a sugerir, sin embargo, fue que una consolidacion fiscal -es decir, una reduccion de los deficit- pudiera tener efectos expansivos. Empiricamente, ha habido sin embargo al menos tres casos de consolidaciones fiscales que han tenido efectos expansivos: Irlanda 87-89, Dinamarca 82-86 y Suecia 85-87. Cuando el sector publico se puso a aumentar los impuestos y a reducir el gasto, la inversion y el consumo aumentaron. Desde entonces, hay una cantidad de literatura interesante sobre el tema.

La pregunta, a nivel teorico, es ¿como se racionaliza todo esto? ¿Como es posible que cuando un gobierno lleva a cabo una politica contractiva, la economia se expanda? La literatura de la que os hablaba ha identificado al menos tres canales.

1. El canal de las “expectativas” si los agentes interpretan la consolidacion fiscal como un cambio futuro en el regimen de la economia. Interpretan la accion del gobierno como una señal creible de que quieren tomarse las cosas en serio y, al empezar a reducir la deuda, en el futuro bajaran los impuestos y tendran cuentas publicas saneadas. Esto, genera un clima de optimismo que puede tener efectos expansivos si la inversion y el consumo se complementan mutuamente. A la inversa, un aumenta del deficit manda la señal de que el gobierno no es demasiado serio, que en el futuro la presion impositiva aumentara,…

2. El efecto de la acumulacion de deuda publica sobre la politica monetaria: cuando un estado empieza a endeudarse de forma indefinida, llega un punto en que su deuda llega a ser insostenible. En esa situacion, puede llegar a ser inevitable que el gobierno comience a financiarse imprimiendo dinero o creando inflacion. Si los agentes anticipan este efecto, revisaran sus expectativas de inflacion (cuando firmen contratos a largo plazo, los firmaran con una inflacion mayor), inutilizando la politica monetaria.

3 El canal del credito y los efectos de balance una de las principales razones por las que un estado no puede o no debe quebrar, es porque provocaria la madre de todas las crisis financieras. En general, los bancos y los agentes privados mantienen las deudas de los Estados como activos seguros. Por otro lado, a la hora de endeudarse, y en el caso de los bancos de prestar, los agentes dependen de los activos que tengan y de lo que valgan esos activos. Un banco tiene la obligacion de mantener determinados ratios entre lo que presta y lo que tiene en su balance; si el valor de lo que tiene en su balance cae, puede prestar menos. Lo anterior implica que si la deuda de un pais se deprecia, el credito que dan las instituciones financieras puede hundirse. En este contexto, que un estado siga acumulando deuda, aumentando el riesgo de impago y haciendo caer su valor puede tener efectos contractivos sobre el credito y la economia, y viceversa.

Si pensais en el contexto de las crisis actual, la racionalidad para una parte de las consolidaciones fiscales que estamos viendo tiene que ver con los dos ultimos motivos. Las perspectivas de crecimiento para España son malas y eso hace que la sostenibilidad de nuestra deuda publica sea dudosa. Los inversores/empresa y consumidores saben/temen que si las finanzas publicas siguen empeorando, las cosas no mejoraran en el futuro, luego restringen sus decisiones de gasto hoy. En particular, los recortes fiscales del gobierno es probable que tengan un efecto relativamente expansivo (relativamente al escenario en que no se hacen), dado que no hay nada mas contractivo que una senda de deuda insostenible.

Por ultimo, y mas por curiosidad que por otra cosa, los efectos no-keynesianos tienen, al menos en parte, un efecto de profecia autocumplida. Suponed que tenemos un pais donde los inversores tiene perspectivas “keynesianas”; que el gobierno anuncie una contraccion fiscal ejercera un efecto negativo sobre las expectativas de los inversores porque el “modelo” que tienen los inversores en la cabeza para formar sus expectativas es un modelo keynesiano, donde las contracciones fiscales producen contracciones economicas. A la inversa, si los inversores y consumidores tienen expectativas no keynesianas, veran una politica fiscal contractiva de consolidacion fiscal como algo bueno y confiaran en la economia, aumentando su gasto.

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4 - Junio - 2010

Los efectos del IVA en la rehabilitación

Dentro de las medidas del IVA, la relativa a la rehabilitación es la única que no constituye una subida. Hasta ahora, se aplicaba un IVA reducido del 7% a la rehabilitación siempre y cuando fuese, digamos, auténtica rehabilitación, es decir:

· No sea fontanería, gas, carpintería, reforma de la cocina… Etcétera. Sino que afecte a la fachada, la cubierta o la estructura.

· Signifique más del 25% de lo que se pagó por el inmueble (antes del cambio de 2008, era toda la propiedad, suelo incluido).

· Los materiales no deben superar el 33% del coste total de la obra.

A partir del 1 de julio, ese tipo del 7% se mantiene, pero se incluye un tipo del 8% a las actuaciones que, precisamente, quedaban fuera de esta reducción, es decir: pequeñas reformas de pintura, agua, gas, etcétera. Es decir: a partir del mes que viene y durante dos años (el tiempo estimado de duración de la medida, de carácter “extraordinario”), prácticamente cualquier actuación en un hogar tendrá un IVA del 7% u 8%. Con esta medida se espera, por supuesto, fomentar la rehabilitación y reforma de viviendas como salida para el sector de la construcción y adyacentes.

En realidad, la rehabilitación integral, la que cuentan las entrevistas, la que lleva estable en torno a 36.000 actuaciones anuales en España desde 2007, no se ve beneficiada por esta medida. Ésta ya tenía el IVA al 7%. La medida va para las 205.000 empresas y autónomos que se dedican a acabados, instalaciones, etcétera. A sus clientes se les bajará el precio en un 8%. ¿Cuánta demanda potencial considerará que este descuento justifica contratar un servicio que, de otra forma no haría? Probablemente, bastante poco. Y eso pensando que todo el descuento se traslada al precio final, sin tener en cuenta que puede ser una oportunidad para las empresas de cara a incrementar su probablemente exiguo margen de beneficio (exiguo porque ahora tendrán menos trabajo). Sin embargo, este “bastante poco” es todo lo que se le puede pedir a un incentivo fiscal de estas características, y es bienvenido.

Claro está, esta medida no va sola. La acompañan un plan de renovación en Administraciones Públicas destinado a construir edificios públicos eficientes energéticamente hablando, así como la posibilidad de deducir un 10% del IRPF por obras de mejora (si la renta del contribuyente es inferior a 33.000 euros) de suministros, energía, o accesibilidad para discapacitados. Lo bueno de estas dos medidas es que apuestan por un tipo de rehabilitación que va en la dirección de la eficiencia.

Tal vez esto sea, en el fondo, lo mejor. Con medidas como el Plan E se ha venido sosteniendo buena parte del mismo con dinero público. El penúltimo comentario que salió de la boca del Ministerio de Economía era la pretensión de crear tantos empleos en la construcción como los que se habían destruido desde 2008. Esta idea parece que ha quedado atrás ante las nuevas imposiciones de recorte de déficit público de los mercados exteriores. Y, paradójicamente, con ello podemos habernos salvado de evitar un ajuste que es necesario para nuestra economía, y que de hecho ya se está produciendo: el adelgazamiento drástico del sector de la construcción.

Obviamente, por una mera cuestión de eficiencia y aprovechamiento de recursos, es deseable que la rehabilitación tenga un papel preponderante en este sector, en cualquier país que cuente con activos inmobiliarios en abundancia. Desde este punto de vista, cualquier pequeño incentivo fiscal que apoye la rehabilitación será bienvenido, siempre y cuando no condicione la dinámica del sector. Este no lo hace, teniendo un efecto marginal (como la mayoría de incentivos fiscales a un nivel estatal) pero, en definitiva, beneficioso.


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28 - Mayo - 2010

La subida del IVA en contexto europeo

De Kiko Llaneras, autor de En Silicio: un blog sobre datos y gráficas.

Si me hubiesen preguntado hace cuatro años, es seguro que habría estado a favor de aumentar los Impuestos sobre el Valor Añadido (IVA). Habría dado dos razones: me gusta que que sea un impuesto difícil de evadir y quería ver más gravado el consumo desbocado de LCDs, colchones visco-elásticos y BMWs. Sin embargo, en un contexto de recesión como el de hoy la medida provoca más dudas.

Los datos

Daré mi opinión al final, pero antes pongamos las cifras en contexto. La siguiente gráfica muestras las tasa de IVA que se aplican en los distintos países de la OECD (fuente).

IVA en distintos países de europa y el mundo

  • El IVA en España es de los más bajos de Europa, por encima únicamente del de Reino Unido, Luxemburgo y Suiza. También es inferior a la media de la OECD.
  • Tras la subida al 18% seguiremos en la misma posición, aunque nos acercaremos a un nutrido grupo de países europeos con un IVA del 19% (Alemania, Grecia, Holanda, Eslovaquia y República Checa).
  • Es interesante ver el contraste entre países los Europeos y el resto, donde la figura del IVA tiene una presencia menor.

A la vista de los datos, uno podría pensar que quizás España tiene un IVA pequeño porque es un país donde se pagan pocos impuestos en general. No es así. Podemos comprobarlo con los datos de presión fiscal.

Presión fiscal en distintos países de europa y el mundo (2010)

  • La presión fiscal en España se situa entorno a la media europea, siendo superada por la de diez países y superando a la de otros diez.
  • Como curiosidad, me sorprende averiguar que España ingresa más por impuestos que Alemania.
  • Los datos también indican que España podría tener margen para nuevas subidas de impuestos, como la que se discute estos días para “rentas altas”. (Sin que eso signifique que sea buena idea.)

Viendo que muchos países con menos presión fiscal pagan más IVA, me surge una duda que alguno sabréis responder: ¿Qué razones han llevado a España a mantener un IVA tan divergente con el resto de Europa? Se me ocurre que un IVA bajo es una ventaja para el turismo —una forma de abaratar nuestra oferta— pero no parece razón suficiente.

Mi opinión

Los datos sugieren que una subida del IVA es razonable, ¿pero es el momento actual el adecuado para llevarla a cabo? Cuando hace unas semanas se planteó el tema tuve dudas porque, como ocurre con tantas decisiones económicas, la subida del IVA provocará efectos contrapuestos: por un lado es una inyección de ingresos para un estado famélico, pero a cambio contraerá el consumo y frenará el crecimiento.

Creí que sería imposible zanjar la cuestión sin cuantificar ambos efectos, pero los acontecimientos recientes dictaminan que frenar el déficit sea un prioridad: el gobierno necesita los ingresos de una subida del IVA, aunque tengamos que pagar un precio en términos de crecimiento.

Mi esperanza es que estas medidas reactivas se acompañen pronto de reformas a largo plazo. Reformas que hagan carburar el nuevo modelo productivo, del que tanto hemos hablado, pero del que aún no tenemos noticias.

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5 - Mayo - 2010

Sobre la modificación de impuestos

Desde que Zapatero decidió sustituir la política económica de Solbes por la realizada por un autómata lanzando monedas al aire estoy bastante perplejo con las medidas anunciadas y luego con las aplicadas en política económica del gobierno de ZP.

Pero, a parte de esta perplejidad mía, como mínimo, en esta ocasión han hecho algo que debían hacer… una hipótesis de cuando saldremos de la crisis y utilizar la política fiscal y presupuestaria para afrontar la situación que ellos preveen. Por tanto aunque en mi sentido keynesianista de la economía anunciar subidas de impuestos en mitad de una crisis me provoca ciertos reparos, al menos disparan a dar.

Dentro del debacle y desconcierto que ha tenido el gobierno, por fín, mal o bien, definen un horizonte sobre la crisis y afrontan el gasto público y la política fiscal adecuándola a esa previsión (hasta ahora era como ponerse una manta encima y correr mucho para que no te alcance el pedrisco).

Como buen keynesianista favorezco el endeudamiento y la contracción de la presión fiscal en época de vacas flacas, pero este endeudamiento y esa contracción fiscal se ha de invertir en período de vacas gordas, de forma contracíclica. Y si el gobierno cree que en Julio del 2010 se habrá comenzado a recuperar la economía, también ha de comenzar a frenar el déficit todo lo posible. Aunque insisto, las previsiones económicas del gobierno me parecen como mínimo cuestionables.

Por otro lado, a veces me sorprende la cultura económica que tenemos en general, donde los impuestos indirectos son malos y los directos buenos y super-redistributivos.

La verdad es que los impuestos no son una herramienta eficaz pra redistribuir aquí ni en Suecia, y lo que realmente hace esa redistribución e igualdad de oportunidades es la política de gasto público y para ser redistributivo de forma eficiente lo primero es tener pasta.

El IVA no reducido no se aplica a objetos de primera necesidad, sinó a bienes de consumo generales, que es importante que se consuman, pero en el supuesto de que hayamos salido de la crisis la gente querrá comprar a saco paco y 2 puntos de impuestos no se lo impedirán (supuestamente y si las hipótesis del gobierno son acertadas).

Si el gobierno se hubiera centrado en incrementar los impuestos sólo a las clases altas, no recaudaría un duro. Si quieres incrementar los ingresos del estado lo has de hacer en impuestos que afecten a la mayoría de personas. En una situación de expansión económica como la de hace un año y pico, sí, puedes esperar incrementar la recaudación y ampliar el estado del bienestar sin tocar las rentas medias del país.

Pero queda muy bonito que el estado español financíe las autonomías con suficiencia económica como hemos reclamado muchos, que se incremente el gasto público de forma masiva en el sector de la dependencia, etc.. pero ahora que tenemos un estado del bienestar que comienza a estar bastante bien, no queremos pagarlo.

Aún queda la escusa que para pagar impuestos europeos deberíamos cobrar salarios europeos. El problema es que ya tenemos salarios por encima de la media europea y seguimos pagando impuestos por debajo de la media. Pero la cuestión no es esa, los suecos tienen salarios más bajos que los luxemburgueses y pagan unos impuestos muchísimo más altos, por una sencilla razón, los impuestos son proporcionales no sólo a los salarios sinó al tipo de estado de bienestar que cada sociedad quiere sostener. Si nos hemos acercado un poquito al modelo de estado del bienestar sueco, este lo debemos pagar.

Yo sigo la línea de Roger Senserrich que las leyes han de ser sencillas y rústicas como un garrote, para poder ser aplicadas y si el problema es querer apagar el déficit público y no seguir acumulándolo en el supuesto (y es aquí donde ya entraría a discutirle el tema al gobierno) momento en que se sale de la crisis, entonces se ha de hacer una medida de incremento de impuestos fácil de aplicar, que pague la mayoría de personas y que recaude significativamente; pero que no afecte a la creación de empleo (por eso lo de reducir los impuestos de sociedades) justo cuando ha de comenzar a crearlos.

Lo de la reforma del SICAV, es muy bonito, pero a parte de que cuesta un montón de implementar, no serviría para recaudar más que el chocolate del loro y es muy tendiente a no cobrarse por la ingeniería fiscal de los que tienen mucha pasta.

En definitiva y citando a Roger:

“Mira que lo repito a menudo: la política fiscal es un instrumento horriblemente torpe para redistribuir riqueza. Si queremos promover la igualdad y justicia social, el estado puede hacerlo de forma muchísimo más efectiva y eficiente mediante el gasto social. Uno puede financiar todo el gobierno utilizando sólo IVA, impuestos indirectos y un impuesto sobre la renta con poquísimos tramos y tener una sociedad extraordinariamente igualitaria. De igual modo, uno puede pagar el gobierno casi de forma exclusiva a partir de un impuesto sobre la renta fuertemente progresivo y ser incapaz de reducir desigualdades. Los daneses hacen lo primero; Estados Unidos hacen lo segundo – y no hace falta que diga qué país es más progresista.”

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2 - Mayo - 2010

España ante su crisis

De Kantor, autor del blog Equilibrio Social

1.-¿Quién paga la crisis?

Aunque el tema merece algo entre un post y una tesis, aquí solo vamos a dedicar unos párrafos a la cuestión del apalancamiento de los agentes y su impacto sobre la distribución de la renta.

Y para ello, empecemos con lo que yo considero el sesgo fundamental en la percepción económica: la idea de que repartir la riqueza de los ricos podría resolver la pobreza de los pobres. Supongamos una empresa de 200 empleados, todos mileuristas, y que el empleado medio tiene una productividad medida en términos monetarios de 1.100 euros. El empresario percibe cada mes

200 empleados*100 euros mensuales=20.000 euros mensuales.

El tipo se está forrando escandalosamente, pero si se repartiese su renta entre los empleados, la cosa no daría para mucho. Sus empleados ven el BMW y el Rolex de la muñeca, y piensan: si este tio no me “explotase”, yo también podría tener un BMW y un Rolex. Una pura ilusión multiplicativa, claro.

Además, la renta del empresario es volátil, mientras que la del trabajador en general es mucho más estable. El empresario (y el autónomo) saben que vivir es vender, es decir que lo que se produce debe acabar de alguna manera  en manos de un consumidor capaz de pagarlo. Y que el cabrón del consumidor es caprichoso, y además la economía sufre cambios macroeconómicos. En definitiva, el empresario y el autónomo saben que la renta es volátil. Por otra parte el trabajador cree que vivir es trabajar, y eso ya hemos visto que no es cierto: el trabajador piensa que debe obtener el mismo salario por el mismo trabajo;  es decir, pretende percibir una renta fija que sale de unos ingresos volátiles. Así que eso es lo que recibe, y luego se queja de que el empresario gana mucho cuando gana mucho, y se olvida de lo que pierde cuando pierde.

El empresario normalmente no solo tiene empleados aversos al riesgo, sino también acreedores aversos al riesgo, es decir, debe dinero a tenedores de renta fija que al igual que los trabajadores le exigen (por múltiples motivos) flujos de renta nominal prefijados. Así que las rentas del capital son más volátiles que las del trabajo, y los beneficios, más que los pagos por intereses y amortizaciones. Y por eso el empresario paga la crisis, no solo hasta el punto de dejar de ganar, e incluso perder, sino más allá, hasta la quiebra.

Esta crisis está afectando de forma muy asimétrica (como siempre) a los diversos actores económicos, y claro, en línea con el apalancamiento relativo de los agentes. Los datos de la Central de Balances del Banco de España (CB) muestran la evolución de la distribución de rentas entre capital y trabajo, y de la contratación. Dan por tanto la información suficiente sobre quien paga la crisis.

El valor añadido bruto en una empresa es el valor de los bienes producidos (ingresos) menos el valor de los inputs no laborales necesarios para producirlos. En una fábrica de automóviles, es el valor de la producción (automóviles) menos el valor de las piezas, electricidad, etc.

VAB=Ingresos-Gastos en inputs no laborales.

Estos ingresos se reparten entre el capital y el trabajo (más lo que se lleva el Estado, que se desglosa despues en lo que se llama distribución secundaria de la renta):

VAB=Salarios + Rentas del capital

El primer gráfico de los resultados de la CB muestra ese reparto de rentas entre capital y trabajo.

La historia (por paneles) es esta: el valor añadido bruto (izquierda-arriba) generado por las empresas incluidas en la CB se ha contraído un 10% en 2009 y un 5% en 2008 (un increíble 15% en el periodo, que es un indicador del desplome sufrido por el sector privado en esta crisis y en este país, y que si no se ha reflejado en el PIB es debido a un aumento brutal del déficit público, que YA no podemos sostener). El desplome del valor añadido bruto ha sido INTEGRAMENTE absorbido por las rentas del capital, ya que las del trabajo (derecha arriba) todavía aumentaron un 4% en 2008 y solo se redujeron un 2% en 2009 (un increíble aumento del 2% en medio de una brutal caída del VAB). Como las dos cosas suman, las rentas del capital (izquierda abajo) se redujeron un 7% en 2008 y un 15% en 2009 (23% de reducción de las rentas del capital en el periodo).

Pero esto NO es todo. Los salarios han seguido aumentando (derecha abajo),  INCLUSO en 2009 (aumentaron un 3% en 2008 y un 1% en 2009). Así que la desaceleración del crecimiento de las rentas laborales se ha debido INTEGRAMENTE al aumento del desempleo y (esto no lo refleja la CB porque solo hay empresas supervivientes) las quiebras empresariales, concentradas en PYMES y autónomos.

Por tanto, o bien damos un “gran salto hacia adelante” en productividad, cosa que no va a ocurrir, o tendremos que abaratar nuestros costes por el sencillo medio de ajustar oferta y demanda mediante flexibilidad en precios. Dado que la oferta laboral supera la demanda en cuatro millones y medio de personas, el lector se hace una idea de que los salarios reales tendrán que reducirse mucho para volver a un nivel de desempleo sostenible. Oferta y demanda, decía el loro economista.

Es decir, no se trata de “reforma laboral” o “reducción de salarios”; se trata de “reforma laboral para que se reduzcan los salarios”. Si no es eso, no funcionará.

Curiosamente, el desplome de los beneficios (rentas de la propiedad) no ha hundido el valor de las participaciones de renta variable, porque afortunadamente, al contrario que el trabajo, la renta fija está en general indiciada (a los tipos del interbancario). Es decir, tanto los ingresos como los pagos de renta fija se han indiciado al tipo de interés que en última instancia el ECB afecta con la estabilidad macroeconómica en mente. Por ello los tenedores de activos de renta fija han pagado aún más que los empresarios esta crisis (un hecho excepcional). Como podéis ver en el gráfico siguiente, los gastos financieros (pago por fondos ajenos) se han reducido aún más que los beneficios. Ahora los salarios tienen que hacer lo mismo, porque no somos competitivos.

Por último quiero decir unas palabras sobre la Bolsa. Para muchos, los aumentos del valor en Bolsa de las empresas en 2009 fueron una prueba de que para “los ricos” ya se había acabado la crisis.  Pero el valor presente de un activo es el valor presente descontado de las rentas monetarias futuras que representa.

En el gráfico siguiente he tomado algunos flujos de rentas (constantes año a año y de varias duraciones) que con un tipo de descuento del 2% tendrían el mismo valor. Como podeís ver la caída de los tipos de interés aumenta el valor presente de estos flujos de rentas. La caída de las expectativas de ganancia del capital (es decir la reducción del tipo de descuento) puede explicar la subida de la Bolsa, sin que ello signifique un mayor optimismo sobre los beneficios futuros (y es ese optimismo lo que hace invertir a las empresas).

Como se ve en el gráfico siguiente, una reducción de la tasa de descuento implica un aumento del valor presente de un flujo de renta (y un activo es simplemente eso: un flujo de renta futura). Dependiendo de la duración del activo, el efecto de una reducción de dos puntos de la tasa de descuento elegido cambia el valor del activo entre un 5 y un 30%.

Dado que la tasa de descuento está relacionada con el tipo de interés, el crecimiento de la Bolsa puede deberse a un incremento de la expectativa de beneficios, o a una reducción de la expectativa de beneficios fuera de la propia Bolsa. Como vimos en el segundo gráfico, los gastos financieros de las empresas se han reducido mucho, es decir, la remuneración de la renta fija se ha hundido. Por tanto, para ver cómo van las rentas del capital, es bastante mejor mirar cómo van las propias rentas del capital (como en el segundo gráfico de la CB) que su valor liquidativo, afectado como está por los tipos de descuento, (y en particular por la renta fija).

2.-Nuestro Estado es demasiado grande y demasiado caro

Aquellos que le han querido cargar la crisis al capitalismo, la banca privada  y el descontrol financiero tienen razón. El mercado y la libertad (basta ver la televisión una hora diaria) no funcionan.

El problema es que el intervencionismo y la coacción funcionan mucho peor. La gente utiliza mal su libertad, pero la de los demás vastamente peor. Por eso el capitalismo produce Benidorm y Gran Hermano, y el totalitarismo ha creado Auschwitz y Kolyma; desde luego el problema es la gente, pero siempre se puede agravar con un sistema social mal organizado.

Así pues, mientras los españoles se entregaban a la compra compulsiva de casas, la contratación masiva de inmigrantes y al consumo conspicuo y hortera, el Estado crecía y crecía a costa de unos ingresos fiscales tan claramente insostenibles como el precio de la vivienda (de hecho, han caído bastante más y bastante más rápido). El Estado en esta crisis no ha sido más racional que el mercado (y la banca pública, es decir las cajas de ahorro, no ha  funcionado mejor que la banca privada). Muy en particular en la fase alcista del ciclo hemos visto un brutal incremento de los gastos salariales del Estado, con algunos casos especialmente sangrantes, como los salarios de los policías municipales, que al calor del ladrillo se han puesto por encima de los de la Policía Nacional.

Como se aprecia en los dos gráficos siguientes (que podéis encontrar en este artículo del Boletín Económico del Banco de España), los salarios de los funcionarios han aumentando muy por encima de las remuneraciones en el sector privado, y desde 2005, la contratación también ha aumentado fuertemente

En cuanto al peso de las AAPP en el total de las rentas salariales, España está más o menos en la media de la UE, y son los países más ricos y dinámicos los que tienen menores gastos de personal en sus AAPP. Nótese que Alemania, Holanda o Estados Unidos tienen menos gastos de personal que España.

Tenemos demasiados funcionarios, y ganan demasiado dinero. Mientras los trabajadores del sector privado han perdido cerca de un 10% de su poder adquisitivo en el último ciclo alcista (en parte por el efecto composición debido a la entrada de nuevos trabajadores, y en parte porque esos trabajadores han tirado a la baja de los salarios), los funcionarios públicos han ganado un 16% en sus salarios reales.

Por eso, en esta etapa de ajuste los primeros que deben pagar son los trabajadores del sector público, quienes no solo disfrutan de una total estabilidad en su empleo, sino además han disfrutado de una evolución salarial mejor que el resto del país. Adicionalmente, los salarios de los funcionarios suman directamente en el déficit público, que como podeís ver en el gráfico siguiente, se ha disparado; y al final lo más importante que debe saber un gestor público es que, en las eternas palabras de José Mota, ”las gallinas que entran por las que salen”.

3.-Las ideas correctas y las medidas correctas

La capacidad de la política para sacar a un país de la crisis es limitada. Aunque esta es una crisis económica, el principal problema de España es ideológico, y afecta no solo a las macro-decisiones, sino a cosas mucho más importantes, como la actitud ante la empresarialidad, o las relaciones laborales. La gente no entiende la riqueza y no entiende el capitalismo, y precisamente nuestras patologías políticas se derivan de, y se realimentan con, nuestras patologías ideológicas.

Por tanto antes de entrar en las políticas correctas es importante empezar dejando claras las ideas correctas. Con ellas, la política sería más sana, y los errores de los políticos menos peligrosos.

  • El objetivo no es crear trabajo sino destruirlo. Si realmente queremos “crear trabajo”, lo mejor es prohibir la mecanización del campo, y dedicar el 80% de la población a la agricultura, y que el 60% del PIB sea agrícola. Claro, si el 60% de una economía cerrada se dedica a producir a comida, el 60% del gasto se dedica a comprar comida [Oferta efectiva=Demanda efectiva], y por tanto el nivel de vida será como el de 1955. De lo que realmente se trata es de producir más con menos horas de trabajo, y dedicar las horas sobrantes a satisfacer otras necesidades, o al ocio. Lo óptimo, por ejemplo, sería que la producción de electricidad representase el 0,1% del PIB, o sea, que solo necesitásemos gastar el 0,1% de nuestra renta para comprar la misma electricidad (o más) que la que consumimos ahora. Eso implicaría que podríamos vivir con menos horas de trabajo (menos gastos) o trabajar más para obtener bienes que valoramos más que el ocio.
  • Los servicios públicos no son gratuitos: se pagan vía impuestos ya sean corrientes o diferidos en la deuda pública. Ahora,además, ya no los podemos diferir más…
  • El Estado no puede sostener la economía. Es la economía la que sostiene al Estado.
  • Un activo no representa otra cosa que un flujo de renta monetaria. Por tanto para incrementar el patrimonio hay que olvidarse de las ganancias patrimoniales debidas a los cambios de valoración de los activos, y centrarse en la cuestión sustancial de cómo van a evolucionar los flujos de caja que el activo representa. Si el inversor y el empresario se centran en los flujos de caja, no solo es de esperar que ganen dinero en el mercado, sino que contribuyen a que el valor liquidativo sea compatible con los flujos de caja. Precisamente lo que Fama nos enseño es que el valor liquidativo a corto plazo es impredecible, y por tanto, salvo que seas mejor que el mercado (y tú no lo eres), no te conviene jugar a la especulación con los mayores, que a veces, por cierto, también acaban haciéndose daño. Tú piensa en los cash flows, y diversifica, y conseguirás ganar un spread razonable sobre el mercado, precisamente a costa de los listos que compraron Terra o los que compraban casas para venderlas por el doble.
  • El trabajo no consiste en hacer cosas hermosas o espiritualmente satisfactorias, sino en cubrir las necesidades de otras personas, y en particular de esas que pueden pagar por ello. Es justo que un fontanero gane más que un licenciado en filología hispánica, ya que haber leído a Quevedo no mejora el bienestar de otras personas, y arreglar las cañerías sí. Vivir es vender.
  • Los impuestos sobre una transacción se reparten entre los participantes de una forma que el Estado no puede afectar. Por ello los derechos laborales, los de los acreedores, etc, se descuentan ex ante, y desaparecen en cuanto son proclamados. Al día siguiente de que el Estado ofrezca ayudas a la vivienda o al alquiler, subirá el precio de la vivienda, al día siguiente de que el Estado obligue al empresario a pagar un impuesto adicional sobre el trabajo, este rebajará el salario por el importe del impuesto, al día siguiente de que el precio de la indemnización por despido se incrementa, los empresarios reducen sus contrataciones…
  • Las crisis económicas se caracterizan no por una falta de consumo sino de inversión. Por tanto los estímulos al consumo sobran.
  • Ya hemos gestionado el corto plazo evitando las quiebras en cadena de los bancos y pagando subsidios de desempleo. Ahora el largo plazo ha llegado.
  • Las importaciones se pagan con exportaciones. A largo plazo la balanza comercial está equilibrada. Eso quiere decir que a largo plazo (=ya) vamos a tener que exportar tanto como importamos. Si no exportamos más, importaremos menos. Dado que con estos salarios (que nos permiten importar mucho) no podemos exportar más, pronto no tendremos estos salarios.
  • Confiar en la productividad es un atentado contra la prudencia contable.
  • Que un país alcance el pleno empleo no depende de su nivel absoluto de riqueza. Por tanto no necesitamos aumentar la productividad para evitar el desempleo. En particular dentro del marco de la globalización es muy probable que no haya forma de evitar empobrecernos. Pero aún así, no tiene porqué haber desempleo masivo. Basta aceptarlo, vivir con menos, y dejar al mercado ajustarse y repartir el golpe. Si no lo hacemos así lo repartirá el Estado (=partidos y lobbies) y ya sabemos que el que parte y reparte…
  • La tecnología y el I+D no es la forma de salir de la crisis, si no va dirigida (y no va) a responder a las necesidades del mercado. En España eso implica que necesitamos más investigación sobre agricultura bajo plástico y producción de jamón que sobre microchips. También deberíamos trabajar en extender el transporte de mercancías por ferrocarril en vez de tirar el dinero en plaquitas solares (= centrales de gas natural) y en trenes para directivos.
  • Aunque hay bastantes medidas que el Estado puede implementar para repartir la riqueza, o suavizar las fluctuaciones económicas, hay muy pocas medidas que el Estado pueda implementar para mejorar la productividad. La productividad es el campo del mercado. Si hay desempleo, si los bancos fallan, si hay inflación, probablemente el Gobierno tiene parte de culpa y parte de las soluciones. La productividad viene del mercado, y todo lo que se hace desde el Estado para mejorarla, salvo extender algunas infraestructuras y financiar la enseñanza privada es con seguridad un error. Las infraestructuras y financiar la enseñanza habitualmente también.

El punto fundamental, en resumen, no es que seamos más pobres. Es que nunca fuimos tan ricos. Y como nos creímos más ricos de lo que éramos, todos, empezando por el Estado, y siguiendo por los hogares y las empresas (con la ayuda de las instituciones financieras), ajustamos nuestros gastos a unos ingresos irreales. Y ahora toca ajustarlos (a la baja) a nuestra verdadera riqueza (riqueza=capacidad de generar renta). El momento de sostener el sistema financiero para evitar un colapso como la Gran Depresión ha pasado. El momento de ejecutar proyectos públicos de forma contracíclica para evitar un desplome desordenado de la economía ha pasado, y además se nos acaba el dinero. Este es el momento (y es ahora, y no después) de la reducción de los gastos y de la reorientación de la economía hacia la exportación. Porque se nos ha acabado el crédito privado, y estamos agotando el del Estado, y cuando se acabe el crédito, tendremos (por razones estrictamente contables, es decir, tan irrefutables como la aritmética) que pagar lo que debemos de la única forma posible: exportando más de lo que importamos. Y por supuesto, vamos a importar menos, pero a medio plazo además tendremos que exportar más.

Estas verdades tienen montones de consecuencias, algunas (pocas) políticas. Las consecuencias políticas os las divido por apartados.

Déficit (=Ingresos-Pagos)

Por tanto,  yo apoyo un incremento del IVA de un 2%, condicionadamente a una reducción lineal de los salarios públicos del 10% (y de las pensiones del 5%), y un compromiso de congelación de la oferta de empleo público en todos los sectores salvo Seguridad y Justicia (estos dos servicios públicos sufrirán una sobrecarga asociada a la crisis).

Pagos (en % del PIB):

  • Reducción de los salarios de los funcionarios (-10%): los salarios de los funcionarios son un 10% del PIB, y por tanto una reducción del 10% representaría un 1% del PIB.
  • Reducción de las pensiones (-5%): Las pensiones son casi un 9% del PIB, y por tanto reduciéndolas un 5%, obtenemos una reducción del déficit del 0,5% del PIB.
  • Eliminación de las subvenciones al timo renovable: (5.888 millones, 0,6% del PIB). Si el lector se pregunta si estoy a favor de retirar las primas comprometidas a las renovables, la respuesta es que casi si. No se puede considerar parte de la seguridad jurídica, sin más, la protección por parte del Estado de privilegios. Solo desde el punto de vista del positivismo jurídico, que considera la propiedad como un privilegio otorgado, se puede decir que atentar contra los privilegios otorgados es como atentar contra la propiedad. Así que estoy a favor de eliminar los privilegios de las renovables, los taxistas y las farmacias, aunque de forma no demasiado brusca. En el caso de las renovables, el Estado debe computar las nuevas primas según el principio de dar a los inversores un beneficio descontado similar al que obtendrían por un bono del Estado al mismo plazo que la prima. Ni un euro más.

Total, por el lado de los pagos, el déficit se podría reducir un sabroso 2% del PIB.

Ingresos:

En todo caso no se debe permitir o apoyar en ningún caso y bajo ningún concepto ninguna medida por el lado de los ingresos que no vaya asociada a una medida por el lado de los gastos igual o superior.

Además los partidos de oposición no tienen porqué proponer ninguna medida de recorte del gasto impopular. Deben comprometerse a apoyar cualquier medida de reducción del gasto público equilibrada entre comunidades autónomas (Dios me libre de definir que es eso), y en la cual el peso de la reducción del gasto supere al del aumento ingreso, y ninguna que no lo cumpla. Tan simple como eso, pero no más.

Salarios y reforma laboral

No nos vendría mal una reforma laboral liberalizadora. Pero para superar este bache coyuntural nos vale el actual marco institucional de convenios colectivos y judicialización del despido,  siempre que los sindicatos se comprometan a firmar a la baja en términos reales mientras el desempleo esté por encima de (por ejemplo) los tres millones de parados. Sea como fuere, a corto plazo la reforma no es para evitar una bajada salarial, sino para lograrla de la mejor forma posible.

Ahora bien, el intervencionismo laboral es un error. Un marco de libre contratación es netamente superior a cualquier alternativa, y precisamente buena parte de mi apoyo al Estado del Bienestar (sanidad y educación privadas y subvencionadas, y programas asistenciales) está relacionada con mi ultra-liberalismo laboral. Meteos en nuestros bolsillos, pero dejad en paz nuestras empresas.

Infraestructuas y energía

Esto ya os lo sabeís: las placas solares y los molinillos son un decorado carísimo para ocultar la apuesta por el gas natural. La propia apuesta me parece un error muy grave, porque el gas es demasiado caro, importante y versátil para utilizarlo para la electricidad (donde están la nuclear y el carbón como alternativa) pero además el decorado es un fraude, ¡y que fraude!.

En todo caso, el centro del problema energético no es la producción eléctrica, sino los combustibles líquidos para automoción. La apuesta por el coche eléctrico es casi seguro un error, pero si la propia electricidad se produce con gas, entonces es otro fraude. El camino natural para reducir la dependencia del petróleo es el gas natural para automoción.

Inflación y política monetaria

Si España se toma en serio sus deberes, si aceptamos que somos más pobres, si reducimos los salarios (primero los públicos), si liberalizamos nuestro enfermizo mercado laboral, y si realizamos una política sensata en materia de infraestructuras y energía, este país puede volver a ser económicamente  viable (nada más). Pero aún así, tendremos el peso de la historia sobre nuestros hombros en forma de una fuerte carga financiera, entre nosotros y con el exterior. El BCE tiene un objetivo de inflación, que antepone la moneda a todo lo demás, pero ahora debe tener en cuenta los costes financieros. Si el Sur de Europa  hace sus deberes (el primer paso debe ser nuestro), el BCE debe hacer una política que tenga en cuenta los costes financieros. Si es necesario llegar a una inflación del 3% unos pocos años mientras nos tragamos la durísima píldora de la deflación competitiva, el BCE debe aceptarlo. La única política de solidaridad que podemos pedir a Europa (una vez demostrada nuestra voluntad política para abandonar la demagogia y el despilfarro) es una moderada laxitud monetaria, para evitar que los excesos del pasado hagan imposible la recuperación.

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22 - Abril - 2010

¿Por qué subir el IVA? ¿Por qué no bajarlo?

Si algo es cierto en la economía es que funciona en ciclos alternos de expansión y contracción. Y si algo es cierto en la política es que se suelen tratar los ciclos de forma errónea, aprovechándose y dejando pasar los ciclos al alza sin hacer las correcciones necesarias para el siguiente ciclo, y presionando fiscalmente en los ciclos a la baja.

En los ciclos alcistas parecería erróneo “capar” el crecimiento asumiendo mayores presiones fiscales sobre el ciudadano y la empresa. Las protestas vendrían de todas partes, a priori tendrían razón, podría disminuir el consumo o estancar los picos de crecimiento, pero ¿no es mejor ahorrar cuándo el dinero fluye bien? Pareciera que ahorrar esté penado en política.

Esto es un problema endémico de la democracia tal y como está planteada ahora mismo en el mundo occidental debido al sistema de elecciones que obliga a los gobiernos a pensar en términos de legislaturas de cuatro, cinco o seis años, y no en términos de ciclos económicos, por lo habitual más longevos.

Las principales objeciones sobre el papel (y en la vida real) a aumentar un impuesto como el del IVA en un período de recesión son claras: disminuye el consumo. Y no conviene disminuir el consumo nunca en períodos que buscas que el mismo no sólo deje de caer, si no que cambie la tendencia y comience a aumentar a cuotas habituales. Sin embargo, es una forma rápida, si no la que más, de hacer recortes deficitarios.

Una reducción temporal del IVA, durante incluso tan sólo de 3/4 del total de período estimado de la recesión, si es que tales estimaciones existieran, pudiera resultar en un ataque en dos frentes: El primero sería una llamada al consumo inmediato de bienes de precio medio y alto (una nueva televisión para el salón, un nuevo coche, o incluso una nueva vivienda) por una parte. Y un aumento del consumo general debido a la bajada de precios consecuente.

Por otro lado, un tercer frente de ataque se plantearía ante el final del período de rebaja fiscal: un aumento del IVA (aunque sea volver al nivel previo) sin coste político alguno, lo que permitiría un desgaste del gobierno vía algún otro tipo de medida para la reducción del déficit.

Así pues, el Gobierno, visto a toro pasado, ha gestionado mal el superávit habido hace unos años y ha empezado tarde a gestionar la crisis. Pudiendo haber hecho uso de un aumento del IVA (que era y es entonces aún bajo para el tipo de país que queremos que sea España) en período de crecimiento podría haber conseguido aumentar el superávit y poder afrontar mejor una posterior recesión que no por más negada, menos avisada y asegurada.

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15 - Abril - 2010

La subida del IVA: el efecto real y el efecto psicológico

De Ender, coautor del blog Como Queráis

Para intentar remontar todo el ruido mediático y el debate partidista que atonta nuestros sentidos desde hace semanas, me gustaría dejar establecidas cuatro ideas básicas sobre la subida del IVA:

  1. La subida del IVA, como la modificación de cualquier otro impuesto, no es ni mala ni buena per se: es una herramienta para conseguir un objetivo, y suele conllevar efectos colaterales que hay que vigilar. Su bondad o maldad, por lo tanto, depende del momento, del objetivo, de la cuantía… y, en último término, del resultado. Huyamos, por lo tanto, de consideraciones abstractas a priori, y analicemos el aquí y el ahora.
  2. La mayoría de economías avanzadas, y España no es excepción, se han sometido a fuertes programas de estímulo fiscal para evitar el colapso económico, que están deteriorando gravemente su balance de ingresos y gastos. Sólo es cuestión de tiempo que se trate de revertir esta situación aumentando los ingresos, reduciendo los gastos, o ambos. Llamo la atención del lector sobre este endiablado problema: que los Estados aumenten ingresos (impuestos) y reduzcan gastos (retiren estímulos) puede provocar contracción en una economía aún acobardada y titubeante… y sin embargo, es inevitable hacerlo.
  3. La subida del IVA, por sí sola, no es la solución. Esto es obvio (salvo para algunos). Deberá acompañarse de otras medidas tarde o temprano, quizá de la subida de otros impuestos, y también de la reducción del gasto. Esto, sin embargo, no la invalida como medida: simplemente nos remite de nuevo a la cuestión de por qué el IVA, y por qué ahora.
  4. …y quizá lo más importante: obviamente, la subida del IVA perjudicará el consumo. La cuestión es si mucho o poco, y si las ventajas que se esperan de la medida superan los riesgos asociados a ella.

En lo que sigue trataré de analizar estas cuestiones, sobre todo las planteadas en los puntos 3º y 4º, con la perspectiva de un “ciudadano de a pie”. Vamos con ello.

I.- ¿Por qué el IVA…?

En mi opinión, la razón fundamental es que es fácil de recaudar. Así de claro. Hay quien lo llama “el impuesto indoloro”, pues al estar distribuido en muchas pequeñas compras lo pagamos todos casi sin darnos cuenta (esto no es así si la compra es de una casa o de un coche, claro…). También porque España tiene margen de subida, si nos comparamos con nuestros vecinos.

¿Es regresivo? Sí. ¿Es de derechas? Los impuestos no son ni de izquierdas ni de derechas: son una herramienta del Estado que debe ser usada con inteligencia, y según el uso que se les dé es como se tienen que juzgar.

Pero no hay que despreciar las ventajas de una fácil y rápida implementación de cualquier impuesto, sobre todo cuando se tiene prisa, cuestión que abordaremos en el siguiente apartado.

De momento, veamos qué podemos decir sobre la posible elección de otros impuestos:

¿Por qué no subir los impuestos al capital (básicamente, el impuesto de sociedades?

En este momento, no parece que sea una buena idea: ésta es una crisis de consumo, pero también de inversión (¿qué fue antes, el huevo o la gallina?). Con una tasa de paro rozando lo absurdo, lo que no podemos hacer es implementar ningún mecanismo que desincentive la inversión.

¿Por qué no aumentar los impuestos a las rentas del trabajo (cotizaciones, IRPF…)?

Buena pregunta. Y difícil de responder. Hay quien piensa que incluso deben rebajarse porque incrementarían los incentivos a trabajar y aumentarían la renta disponible de las familias. No olvidemos además que ya se han aumentado, al eliminar la deducción de los 400€.

Centrándome en el IRPF:

  • A los grupos más desfavorecidos (rentas bajas) o más golpeados por la crisis (jóvenes, parados…) les impactaría de forma mínima (la mayoría estarán en el tramo exento o próximos al mínimo exento, o reciben el subsidio de desempleo si están en paro). No obstante, habría que analizar la posible subida de los mínimos exentos para asegurar que efectivamente no se impacta en estos grupos.
  • El grupo de rentas altas tiene el problema de suponer un porcentaje relativamente bajo de la recaudación, por lo que no solucionarían el problema por sí solos.
  • … lo que nos deja a la siempre vapuleada “extensa clase media”, para la que la medida es más directa y dolorosa que la subida del IVA… esto hace la medida claramente impopular para cualquier político.

En cualquier caso, y sin descartar que tenga que adoptarse en el futuro, una eventual subida de este impuesto ha de ser cuidadosamente pensada y diseñada, lo que ya es en sí mismo un problema si lo que buscamos es un impacto rápido en la recaudación.

¿Por qué no aumentar los impuestos especiales (básicamente tabaco e hidrocarburos)?

Sí, ¿por qué no? De hecho, considero una buena idea subirlos, y si me permitís hacer de futurólogo por un momento, los veremos subir a no mucho tardar. Pero cuidado: son también impuestos al consumo. Y mucho cuidado: una subida de los hidrocarburos puede impactar en la competitividad de la economía. ¿Por qué subirlos, entonces? El motivo no es sólo recaudatorio, que también, sino que supone un incentivo a la introducción de medidas de eficiencia energética, a la introducción de nuevas energías más sostenibles y a la reducción de la dependencia energética externa… en resumen, un incentivo hacia uno de los aspectos más importantes del llamado “cambio de modelo productivo”.

II.- ¿… y por qué ahora?

Es, junto a la cuantía de la subida, el dilema más importante. ¿Habría que haber esperado hasta consolidar algo más la recuperación, antes de ponerla en riesgo? Respuesta: no lo sé. Doctores tiene la Iglesia, y el Ministerio de Economía tiene alguno también. Mi opinión: el Gobierno no tiene tiempo. La recuperación se prevé anémica, y la necesidad de dar una imagen internacional de seriedad, de que se está haciendo algo y de que se está dispuesto a adoptar medidas impopulares ha estallado hace pocas semanas. Es urgente trasladar ese mensaje a los mercados, y también lo es empezar a recaudar. El Gobierno debe de haber razonado que si tiene que adoptar medidas que generen inflación (como la que nos ocupa), mejor hacerlo ahora, con la tasa de inflación por los suelos.

III.- ¿Cómo puede afectar la subida del IVA al consumo?

Llegamos a la cuestión esencial. Como dije al principio, es impensable que un impuesto que incrementará los precios de los bienes consumidos no vaya a tener un impacto negativo, grande o pequeño, sobre las cantidades consumidas.

Por otra parte, que este impacto sea significativo o no, dependerá de cuáles son las causas fundamentales de la actual contracción del consumo de los hogares o, dicho de otro modo, de cuánto influye el precio de las cosas en la decisión de compra de los consumidores en la actual coyuntura.

En este punto es importante recordar la cuantía de la subida prevista, que es limitada:

  • Tipo “normal”: sube del 16 al 18%
  • Tipo “reducido” (turismo, transporte, bienes culturales, vivienda…): sube del 7 al 8%
  • Tipo “superreducido” (alimentación, medicamentos…): se mantiene en el 4%

En aras de la simplificación del análisis, puede ser conveniente referirnos a dos grupos de consumidores y dos tipos de bienes consumidos, y analizar la combinación entre ellos:

  • CONSUMIDOR TIPO A: hogares o personas con estabilidad laboral, ingresos medios y, en general, sin grandes problemas de liquidez ni de acceso al crédito (con el matiz de que ahora el acceso al crédito se ha endurecido para casi todo el mundo…). Este es un grupo muy heterogéneo de “clases medias”.
  • CONSUMIDOR TIPO B: hogares o personas de bajos ingresos y/o baja estabilidad laboral. En este grupo incluiríamos las rentas bajas, los jóvenes mileuristas, los que van alternando contratos-basura temporales, los parados, los pensionistas… en general, gente con problemas de liquidez y de acceso al crédito.
  • En cuanto a los bienes, basta diferenciar los DURADEROS (casa, coche, electrodomésticos…) y los NO DURADEROS (ropa, comida, ocio…)

Con ello pretendo cubrir un amplio espectro de la sociedad española. Pues bien, hagamos el experimento mental (los econométricos los hacen otros) de elucubrar el comportamiento de estos grupos ante la subida del IVA.

Los bienes no duraderos, en gran parte, no van a cambiar su tipo o lo van a subir 1 punto. El CONSUMIDOR TIPO A parece razonable suponer que no va a cambiar sus hábitos de consumo de este tipo de bienes que impactan tan limitadamente en su poder adquisitivo. Al CONSUMIDOR TIPO B, por el contrario, le suponen un mayor % de sus ingresos, y hay que prever mayor impacto. Sin embargo, parece razonable suponer que este tipo de consumidor ya tendrá muy ajustado su consumo en cuestiones de ocio, ropa, etc., al mínimo imprescindible por necesidad (recordar que la comida no varía su tipo), por lo que es de esperar poco descenso adicional de su consumo de bienes no duraderos.

En cuanto a los bienes duraderos, en gran medida quedan fuera de las posibilidades de consumo del CONSUMIDOR TIPO B, con o sin subida del IVA. Sí podrían modificar, por el contrario, los hábitos de consumo del CONSUMIDOR TIPO A, que sí hace uso de ellos, pues erosiona en parte sus ingresos. Es aquí donde debemos esperar, en mi opinión, los mayores impactos (descensos de consumo). Sin embargo, hay que tener en cuenta la cuantía de la subida y relacionarla con el momento en el que estamos. ¿Qué quiero decir con esto?: que el resultado de una negociación de compra-venta de una vivienda, así como los descensos en el precio que muchos vendedores están obligados a hacer últimamente, suponen cantidades hasta 5 veces mayores que la subida del IVA, para una vivienda media. Asimismo, las diferencias de precios entre concesionarios y entre los distintos modelos de coche que uno valora antes de decidirse, suponen en la actual coyuntura al menos 4 veces más que la subida del IVA. No digamos ya las diferencias de precio entre marcas de electrodomésticos y cacharrillos electrónicos.

Con todo ello no quiero decir que la subida no impactará en absoluto en el consumo de este tipo de consumidor: lo que quiero decir es que no creo que lo haga de modo significativo. Entre otras cosas, porque sin subida alguna del IVA, el consumo de bienes duraderos ha caído a unas tasas impensables de conseguir con cualquier impuesto, por lo que los motivos últimos son otros, y no parece que esta modesta subida del IVA vaya a modificar grandemente estos motivos.

IV.- A modo de conclusión…

No parece, por lo tanto, que la variable “precio” tenga mucha influencia en este preciso momento. La decisión de compra parece más influida por cómo valoran los consumidores sus expectativas de ingresos futuros: la incertidumbre y el miedo (a quedarse sin empleo, a un largo estancamiento de ingresos, o a no encontrar empleo de forma rápida quien lo haya perdido) parecen ser la causa de la actual contracción del consumo. También el endurecimiento de las condiciones para obtener un crédito, y la pérdida de valor de la vivienda propia.

Cualquier variación en alguna de ésas variables (estabilidad laboral, acceso al crédito, mercado de vivienda) tiene un peso, en el bolsillo del consumidor, que es muy superior al de la subida del IVA propuesta. Y genera mucha más incertidumbre y miedo al futuro. Y, dicho sea de paso, nos indica también sobre qué variables es necesario iniciar reformas estructurales de calado: mercado laboral, reforma financiera…

V.- Para finalizar: dos propuestas a contracorriente

Nuestro razonamiento nos ha llevado a concluir que el impacto de la subida del IVA en los precios no parece que vaya a suponer un impacto real en el consumo. Sin embargo, hay un “efecto psicológico” indudable, alentado por el debate mediático y la demagogia partidista: algo así como “todo va a peor”, “voy a ser más pobre” o “nadie sabe lo que hay que hacer en realidad”, “siempre pagamos los mismos”, “los que causaron la crisis se van de rositas”…

Este efecto psicológico me temo que es inevitable, y sus consecuencias en el consumo desconocidas. Tiene, como vemos, dos facetas en la mente del ciudadano:

  • Una sensación de descontento al aumentar el precio de las cosas, aunque la subida sea limitada…
  • Una sensación de enfado al percibir el consumidor que es él, y sólo él, el que tiene que pagar el precio de la crisis. Crisis que los bancos y grandes instituciones financieras ayudaron a generar, y a las que los gobiernos no parecen tener el coraje de meterles mano como se merecen.

Por ello, dejo aquí dos propuestas, impopulares cada una en su terreno, para la reflexión:

  • Puesto que la recaudación esperada con la subida del IVA prevista es insuficiente, y puesto que el impacto psicológico de una medida así es en cualquier caso inevitable… ¿ES SUFICIENTE LA CUANTÍA DE LA SUBIDA? ¿NO DEBERÍA EL GOBIERNO APROVECHAR Y SUBIRLO UN POCO MÁS?
  • Puesto que es importante dar una imagen de equidad a la hora de soportar las cargas de la salida de la crisis, y también por otras ventajas intrínsecas de la medida, propongo que el gobierno fomente en los foros internacionales en los que participa el ESTABLECIMIENTO DE UNA “TASA TOBIN” A LAS TRANSACCIONES FINANCIERAS. Más complicada de implementar, desde luego, y que debe ser consensuada entre muchos países…, pero digna, en mi opinión, de ser analizada seriamente.

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12 - Abril - 2010

La subida del IVA: encuadrando el debate

De Citoyen, autor del blog La Ley de la Gravedad

Honestamente; no sé si subir el IVA es una idea sustancialmente buena. Sin embargo, dado que en teoría aspiro a dedicarme a esto de la economía, imagino que debería tener una opinión sobre el tema, desde luego si pienso en que la gente que la tiene. En este post voy por tanto a intentar poner cerco a mi ignorancia y dar alguna clave para entender el tema.

1. Teoría: ¿Qué es una consolidación fiscal y por qué es necesaria?

El principal problema al que se enfrenta el gobierno es que su déficit es básicamente enorme y por tanto la deuda -los deficit acumulados- empezará a crecer a buen ritmo. ¿Por qué es grande el déficit? La ecuación presupuestaria del gobierno- fijaos porque es importante para lo que sigue- es básicamente la siguiente:

Gastos – Gravamen x Base Imponible = Déficit

El gravamen es lo altos que son los impuestos (en porcentaje) y la base imponible es, grosso modo, el PIB. La idea es que los ingresos del sector público son una porción del PIB que se cobra a partir de distintos impuestos. Cuando hay una crisis, tenemos el fenómeno de los “estabilizadores automáticos“: el PIB cae, y el gravamen (si el sistema fiscal es progresivo) también, lo que reduce los ingresos; por otro lado, los gastos entre los que están las ayudas y los subsidios de desempleo, aumentan.

Una consolidación fiscal consiste en hacer que el deficit se reduzca en la medida de lo posible para no entrar en una situación insostenible. La primera pregunta que puede uno hacerse es ¿por qué llevar a cabo la consolidación fiscal?. La pregunta es un poco larga de responder, pero la idea es básica es que el déficit ha llegado a ser mayor de lo que la sostenibilidad sugiere y por tanto hay que reducirlo. Si España se mantuviera en esta senda, acumularía deuda, y esa deuda generaría más intereses que aumentarían los gastos, generando más deuda y así en un efecto bola de nieve, hasta que alguien de por ahí fuera tuviera que salvarnos. Por tanto, vamos a asumir que independientemente de que se deseen otros objetivos, la consolidación fiscal debe ser una prioridad.

2. ¿Reducir los gastos o aumentar los ingresos?

Con un vistazo a la ecuación, vemos qeu hay dos formas de reducir el déficit: aumentando los ingresos o reduciendo los gastos. Esto plantea el problema de la elección del instrumento para hacer la consolidación. Hay dos instrumentos-no excluyentes- que el gobierno puede manejar: el gravamen de los impuestos o los gastos -dado que el PIB no se controla directamente. El gobierno ha optado por el gravamen de los impuestos; ¿qué sentido tiene?

En parte, es una elección de carácter político- depende de si quieres ver un Estado más pequeño o más grande pero sobre es que es casi inevitable. Como explica Rallo en este artículo, la idea de Rajoy de bajar los impuestos y reducir los gastos, simplemente no se sostiene en la medida en qeu habría que liquidar un parte del gasto muy importante que nadie, salvo Rallo, parece estar dispuesto a poner sobre la mesa. Hay una parte muy importante del gasto público que no es realmente discrecional y espero que nadie contemple dejar a la gente sin pensión o sin subsidio de desempleo.

Un punto relevante aquí, es que la teoría económica estándar nos sugiere que, tanto elevar los impuestos como reducir el gasto público tendrá un caracter contractivo- esto es, tendrá un efecto negativo sobre el PIB-y de forma indirecta sobre los ingresos. Esto es un problema para un país que está ya de por sí en una situación muy grave, pero por otro lado, es probable que no nos quede otro; así que una consideración que debe informar la respuesta es ¿cuál de los dos es menos contractivo- y tendrá menos efecto sobre los ingresos?

Sobre esto, hay opiniones y como señalaba Kantor es una pregunta que no se puede responder en abstracto- depende concretamente de en qué se esté gastando el dinero. Pero en general, se piensa que el gasto, aunque reacciona de forma más lenta, tiene un efecto multiplicador mayor. La razón es que cuando bajas los impuestos, la gente tiene más dinero, pero hace falta que la gente (empresas y consumidores) esté dispuesto a gastarlo, algo que no ocurre en una recesión; mientras que el dinero público se gasta directamente. Esto depende no obstante del país y de la situación concreta, algo sobre lo que no estoy demasiado informado. Aquí teneis un primer cerco de mi ignorancia. Pero, grosso modo y por lo que he leído por ahí, yo diría que la subida de impuestos es una forma más adecuada de hacerlo o al menos debería ser parte de la solución.

3. Práctica: ¿Qué impuesto?

Una vez que sabemos que hay que aumentar los ingresos, la segunda parte del problema es ¿qué impuesto se debería subir? El grueso de la estructura de ingresos- es decir, lo que uno puede pensar en subir para resolver un problema de recaudación- está constituido por:

  • Impuestos sobre las rentas del trabajo: aquí se incluyen las contribuciones a la seguridad social y la parte de rentas del trabajo del IRPF (se imponen con gravámenes distintos aunque sean parte del mismo impuesto). La base imponible es por tanto el nivel de empleo X salario medio.
  • Impuestos sobre el consumo: básicamente, el IVA. La base imponible es lógicamente el consumo.
  • Impuestos sobre el capital: las rentas del capital del IRPF y el Impuesto de Sociedades- la base imponible son los beneficios.

Lo presento desglosado así, porque aunque jurídicamente sean cosas distintas, el efecto económico que es lo que nos interesa es similar. Lo que el gobierno va a mover va a ser el gravamen de cada uno de estos impuestos, subiéndolo o bajándolo, sabiendo que los ingresos serán el resultado de multiplicar ese gravamen por la base imponible (los beneficios para el capital, los salarios para el trabajo y el consumo para para el IVA). Esto presenta el dilema ¿cuál es el mejor instrumento?

Algo que hay que tener en cuenta es que el hecho de aumentar el gravamen hará que caiga la base imponible: si las cosas son más caras, el consumo cae; si los trabajadores piden una mayor remuneración para compensar el poder adquisitivo que han perdido, el empleo cae; si la rentabilidad del capital se reduce, la inversión futura cae.

Vamos a empezar descartando una opción: las rentas del capital. En parte porque representan una porción relativamente menor de los ingresos del Estado, en parte porque el efecto de un aumento del gravamen tiene un efecto muy fuerte sobre la inversión -especialmente en una economía abierta- y sobre todo porque un país con un problema de empleo gigantesco no puede permitirse desincentivar la inversión. Por parafrasear al canciller socialdemócrata Helmut Schmidt “Los beneficios de hoy, son las inversiones de mañana y los empleos de pasado mañana“. Luego el impuesto deberá recaer, bien sobre el consumo, bien sobre las rentas del trabajo.

Desde el punto de vista económico, ambas opciones son relativamente similares: ambas afectan al poder adquisitivo de los salarios al aumentar lo que cuestan los bienes o reducir lo que gana la gente. Pero hay al menos dos argumentos a favor del IVA. En primer lugar desde el punto de vista macroeconómico, un impuesto sobre el consumo reduce el consumo de bienes extranjeros y nacionales en la misma proporción, mientras que un impuesto sobre el trabajo hace que los bienes nacionales pasen a ser relativamente más caros a los extranjeros. A nivel agregado, esto se traduce en que importaremos más y exportaremos menos cuando el impuesto es sobre el trabajo; mientras que el IVA hará que los bienes que importamos también lo sufran. Para un país que tiene problemas de competitividad y de balanza de pagos (i.e. que importa demasiado) esto es algo importante.

Por otro lado, el IVA es relativamente sencillo de recaudar, en comparación con las cotizaciones a la seguridad social. Aquí depende de vuestra confianza relativa en los inspectores de trabajo o en los de hacienda.

4. Conclusión: un debate técnico

Mi conclusión, es que la opción de consolidación del gobierno va probablemente en la buena dirección pero probablemente sea insuficiente. Va en la buena dirección porque, a) Pienso que la consolidación es necesaria b) El gasto es relativamente más contractivo/expansivo que los ingresos c) Creo que el IVA es un impuesto con relativamente más capacidad recaudatoria que otros impuestos. Estar en contra de la subida supone estar en desacuerdo con uno de esos tres puntos. La cadena argumental va de más sólida a menos sólida y los dos últimos -sobre todo el último- puntos se basan más en conjeturas apoyados en conocimientos teóricos que en un conocimiento firme de la realidad. Estimar la capacidad recaudatoria o el efecto contractivo de un impuesto es un problema cuantitativo fundamentalmente empírico, sólo parcialmente teórico y en ningún caso político.

Creo que es insuficiente porque mi pesimismo informado me dice que no saldremos de esta sin reestructurar la estructura de gasto del sector público- y especialmente de las Comunidades Autónomas. Y sobre todo, pienso que si el gobierno no se pone a hacer reformas a la de ya España no volverá a crecer a un ritmo decente y eso hará la consolidación más larga y más dolorosa.

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